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Las obligaciones y actitudes de un profesor de universidad, derivadas de la naturaleza de su función, responden a tres notas distintivas de su perfil profesional: el profesor es una persona, es un académico miembro de una institución dedicada a la investigación y al estudio, y es, sobre todo, un maestro. Cada una de estas notas tiene un determinante impacto en la formación y el futuro de los estudiantes y está necesariamente orientada hacia la “excelencia” que debe inspirar todo su quehacer. El profesor tiene que vivir en un ambiente de constante superación en la investigación y el estudio, en la enseñanza, en las técnicas y procesos de reflexión y análisis, en la perspectiva y el equilibrio, en un proceder profundamente humano. Dentro de este contexto de excelencia, empecemos nuestras reflexiones sobre la primera nota distintiva del profesor.
El profesor una persona. Lo que un profesor es como persona influye profundamente en su efectividad profesional. El rico tejido de la vida del hombre está constituído por lo que sabe y aprende, por lo que es y por lo que intenta llegar a ser. Su crecimiento en el saber y en el ser es crucial en la calidad de su personalidad y carácter. Fortalecerlo y cultivarlo es asegurar la superior calidad de su gestión pues la enseñanza es, en cierto modo, una mediación de experiencia. Hay algunas características de esta calidad de especial trascendencia para este crecimiento que pueden responder muy bien a la pregunta “¿cómo cultivar esta mediación?”
1.- Sensibilidad. Se podría describir la sensibilidad de un profesor como su capacidad de acercamiento personalizado y cordial a sus estudiantes en todos los aspectos de su trabajo académico, de percibir los síntomas de los desconciertos y crisis cognoscitivas, afectivas y volitivas que suelen experimentar durante sus años de estudio y de contribuir tinosa y serenamente a su solución. No se trata de una sensiblería nociva para ellos y para él, sino de la especial capacidad del profesor universitario de llegar oportunamente a sus estudiantes y darles su ayuda en la atención a estos conflictos, de un modo comprensivo, delicado y respetuoso. Es invalorable y muy necesario este apoyo. Pero es cierto también el peligro de compartir estas angustias más allá de las posibilidades de una sensata generosidad. Medir la extensión de esta entrega con realismo y prudencia es difícil para una sensibilidad fina que capta muy rápidamente y sin muchas señales la intensidad de un conflicto. Pero tiene que haber un límite en la participación personal del maestro en remediarlo. No debe arriesgar su salud con la fatiga y el desgaste emocional muy probables en una ayuda y colaboración intensa y excesiva. A pesar de estas precauciones, hay que subrayar que esta sensibilidad es un factor muy eficaz y seguro del crecimiento personal de un profesor y una demostración muy convincente y seria de la excelencia de su labor docente.
2.- Curiosidad e interés. Sabemos que el ser humano se empeña en buscar y encontrar respuestas y soluciones a sus problemas y requerimientos . Pero conocemos también que esta búsqueda es una necesidad vital por satisfacer su insistente inquietud por explorar, por experimentar y por comprenderlo todo. Esta curiosidad innata es invalorable, le da vida, le mantiene alerta a las indefinibles posibilidades del saber, es el campo fértil en el que brotan los grandes intereses que han de dinamizar su acción y, lo más importante, le hace crecer como persona. Cuando la enfermedad, el miedo, la rutina, la dejadez y aun la costumbre destruyen la curiosidad y el interés, el ser humano deja de crecer, de ser vibrante, se debilita, se apaga. Pero en el profesor este lento morir no puede tener sentido porque él es el responsable por su desarrollo personal y el de sus estudiantes, de su perfeccionamiento y actualización. La enseñanza le exige el cultivo de intereses muy amplios ,de curiosidad insaciable. Por fortuna la curiosidad y el interés son fuerzas tan arraigadas y poderosas en la persona que hace falta de pequeños esfuerzos para mantenerlas activas y vigorosas. Pero también con respecto a estas características es conveniente la precaución. Un interés muy exclusivo,- peligro muy real en especialistas- puede muy fácilmente ser causa de una personalidad estrecha y sin la visión y amplitud
que deben caracterizar al profesor de universidad. En igual forma, una curiosidad exagerada lleva a la superficialidad carente de hondura y solidez. Ni el maestro cerrado y de criterios estrechos, ni el vano, ligero e insustancial pueden ayudar al crecimiento personal del estudiante. Al contrario, son muy frecuente ocasión de reclamos y protestas que desprestigian la docencia universitaria. El sano crecimiento supone equilibrio en el profesor y que se mantenga alerta a los síntomas tanto de aburrimiento y desinterés en su enseñanza como de superficialidad y dispersión.
3.- Amor.- Comprender la naturaleza y el significado del amor ha sido una inquietud muy grande en toda la historia de la humanidad. Platón en su conocido Symposium, filósofos, sicólogos y siquiatras han tratado de encontrar una definición que satisfaga a muy diversas opiniones. En general se lo reconoce como la capacidad de un mutuo entregarse personal, capacidad crucial para el crecimiento del ser y para su desarrollo saludable e íntegro. Hay en el amor un carácter único suyo y que se lo puede describir como la más poderosa fuerza interna de acción del ser humano. Es obvio, además, que aunque sus manifestaciones de dinamismo difieran mucho en tan distintos individuos y en sus formas de relación, sin amor ni puede el maestro crecer como persona ni contribuir al desarrollo real de la personalidad de sus estudiantes. Cada maestro tendrá que autenticar por sí mismo las expresiones de su amor, pero ninguno podrá prescindir de él en su gestión educativa. El desamor y la indiferencia generan irrespeto, desdén y aun odio, sentimientos negativos y nocivos, inadmisibles en la interacción docente.
4.- Autodeterminación. Nadie es verdaderamente libre si no puede crear su propio ambiente vital. Esclavizarse a las condiciones cambiantes del medio, sean éstas situacionales o creadas por la voluntad de otras personas, es someterse a ellas y perder así la independencia necesaria para ser de veras libre. Pocos factores pueden tener tanta importancia para el crecimiento humano del profesor como su capacidad de autodeterminación que le permite ser y actuar en base a sus recursos internos propios, a los que lleva siempre consigo, le fortalecen y le orientan, y que son su fuente personal de dinamismo y acción. Su talento cognoscitivo y analítico, su libertad y su voluntad son las que han de regir sus decisiones y todo su quehacer. Es muy necesario tener en cuenta que la autodeterminación del profesor es un modelaje para sus estudiantes de suma eficacia, una lección convincente de aceptación consciente de sus propias decisiones y de su responsabilidad personal por ellas.
5.- Humildad. Tantos intentos por definir “humildad”y tantas inaceptables caricaturas que oscurecen su verdadero sentido!. Quizá por contraste se la comprenda mejor ante el desagrado intenso que nos producen la soberbia y la arrogancia. Optando por un método más constructivo, ¿ quién puede negar la admiración y hasta la reverencia que se siente ante una noche estrellada o un imponente nevado, misterio y majestuosidad que sobrecogen sin que podamos ni captar toda su belleza ni expresarla debidamente ? Y si la estética no es de nuestro interés, ¿cómo desconocer la clarividencia y profundidad de pensamiento de personalidades como Platón, Aristóteles o Einstein? Estos encuentros con la majestuosidad de la naturaleza y con la inteligencia superior de grandes pensadores y científicos nos ayudan a situarnos en nuestro lugar propio en el universo ante los millones de estrellas, o en el mundo intelectual ante estos gigantes de la ciencia y la filosofía. Este reconocimiento de nuestra realidad que no es desconfianza en nuestras capacidades, ni apocamiento o temor a los límites de nuestra naturaleza contingente, se acerca mejor a lo que es la “humildad” a la que nos referimos. Sin ella, no es posible ni que el profesor crezca integralmente ni que ayude a sus estudiantes en su desarrollo personal. Ir hacia la excelencia supone aceptar que no la hemos conseguido aún, es decir, que tenemos que avanzar hacia ella con denuedo, partiendo de nuestra realidad concreta, en un paso a paso que es imposible sin humildad genuina. Como escribe tan sabia y sencillamente el distinguido historiador alemán Ernest Curtius: “los ríos más profundos son los que corren con menos rumor”.
6.- Integridad personal. El crecimiento del profesor se orienta hacia su excelencia como persona, a ser lo que debe ser en un caminar constante hacia este ideal que ha de inspirar siempre todo su comportamiento. Reducir a definiciones lo que es integridad oscurecería su sentido. Es ser todo lo que nuestra naturaleza humana inteligente y libre nos exige. Es responder a esta invitación perenne a superarnos en todos los órdenes de la vida, tanto en sus connotaciones de carácter específicamente personal como en nuestras obligaciones con quienes nos rodean y con quienes compartimos nuestra existencia. Porque no somos seres solitarios sino esencialmente relacionados. Es tan evidente que podemos aceptar la profunda sabiduría de la definición de persona como yo soy nosotros. Hay en ella una explicación convincente y clara de la necesidad de una actitud de respeto a nuestros administradores, colegas, estudiantes, a la comunidad que nos rodea y nos nutre. Un profesor íntegro, rico intelectual y profesionalmente pero mucho más rico como persona, podrá ser guía e inspiración para sus estudiantes a fin de que ellos sigan decididamente su ejemplo, en una imitación de serena admiración y convencimiento leal. Hay un factor muy importante en esta integridad del docente, y es su aceptación personal de su aspiración por vivir su esencial trascendencia que no le permite satisfacerse con su realidad temporal y física sino que le impulsa a ir muchísimo más allá, hacia lo inmaterial y eterno, el infinito , causa de su vida y de todas sus aspiraciones. Es posible una real integridad sin el encuentro con el Ser Supremo? En un mundo tan intensamente materializado, esta consideración es de importancia muy actual y urgente. Un profesor no puede ignorarla.
En ediciones posteriores examinaremos las dos siguientes notas: el profesor un académico, el profesor un maestro. |
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