| |
En esta época de la sociedad del conocimiento, del internet, de la realidad virtual, de la transmisión televisiva en directo, de la globalización, en la cual los cambios en el área del conocimiento se dan tan rápidos que un estudiante universitario termina su formación luego de cinco años y lo que aprendió en el primer semestre ya se encuentra obsoleto en el momento de su egresamiento; las universidades y en general las instituciones educativas tienen un importante papel que cumplir y una gran responsabilidad frente a la sociedad.
La universidad además de su misión tradicional de constituir el centro del pensamiento, de la inteligencia, del debate, de la cultura y de la innovación, tiene que vivir en armonía con el nuevo paradigma de la educación superior: una universidad donde se aprende a aprender y se aprende a emprender y todo este aprendizaje para la vida Y durante toda la vida.
Dadas las características descritas anteriormente, los estudiantes, los profesores y las instituciones ya no pueden ser los mismos en este mundo diferente.
La sociedad ecuatoriana actual requiere un profesional que sea un infatigable investigador, con estándares internacionales de formación y con conocimientos profundos de la realidad del país, que junto a su capacidad de adaptación al cambio, tenga un compromiso ético con la sociedad.
Las universidades deben formar ciudadanos, con competencias que les permitan saber que hacer con la información cada vez más basta y diversa, con capacidad para manejar conocimientos multidisciplinarios a fin de enfrentar situaciones de cambio permanente. Deben ser analistas simbólicos que tengan una gran capacidad de abstracción.
El centro del proceso de enseñanza –aprendizaje debe de dejar de ser el profesor y pasar a ser el estudiante. Es necesario que los docentes cedan el escenario, el protagonismo, la palabra y el tiempo a los estudiantes. De la educación centrada en la enseñanza hay que pasar a aquella sustentada en el aprendizaje.
Es muy enriquecedor para la formación sistémica de los estudiantes, que el proceso de aprendizaje se lo realice con un enfoque interdisciplinario, así como también las tareas y actividades estudiantiles se enriquezcan del trabajo grupal que fomenten el aprendizaje colaborativo. Si el conocimiento y la realidad son sistémicos y complejos, no tiene sentido fragmentarlos y tratarlos como parcelas inconexas.
El profesor es el gran facilitador que pone en manos de los estudiantes los recursos: información, métodos, herramientas, crea ambientes, y les acompaña brindándoles asistencia a lo largo de todo el proceso. Apoya la integración y formalización del conocimiento que se da luego de la experimentación. La pregunta clave en este proceso es el por qué, lógicamente sin descuidar el cómo y el cuándo. Ya no hay cabida para el profesor tradicional que desarrolla una relación vertical, unidireccional y dictatorial con los alumnos, aquel que era un recitador de contenidos, que preparaba a los estudiantes no para la vida real ni para el futuro, sino para rendir exámenes. Este es un nuevo esquema, donde lo que haga el alumno es lo fundamental para el logro de sus aprendizajes y desarrollo de su personalidad.
Los perfiles de los profesionales universitarios no solo deben satisfacer los requerimientos del mercado sino proyectarles, de acuerdo a las necesidades de las regiones y del país. Una tendencia a nivel mundial que cada día incorpora a más adeptos es que los perfiles se caractericen a través de competencias. Las competencias representan una combinación de atributos con respecto al conocer y comprender (conocimiento teórico de un campo académico); el saber como actuar ( la aplicación práctica y operativa a base del conocimiento); y, al saber como ser (valores como parte integrante de la forma de percibir a los otros y vivir en un contexto). Este nuevo enfoque, además de tener la ventaja de no centrarse exclusivamente en los contenidos teóricos de un área del conocimiento, tiene una adicional que consiste en determinar las metas a lograrse en la formación de un profesional, es decir, “el qué” y dejar en libertad para el “como”, muy importante en el ambiente universitario de autonomías académicas.
Otro elemento fundamental es contar con un sistema nacional de créditos y calificaciones que permita una medición de la carga de trabajo del estudiante, que resulte fácilmente compresible y comparable para los empleadores y académicos a nivel nacional e internacional, que facilite el empleo y la movilidad de los estudiantes y profesionales.
Pero, sin lugar a dudas, el paso inicial que tiene que dar la universidad ecuatoriana es pasar de ser una institución docente a una institución que tenga como eje fundamental de todo su accionar la investigación. Son los grupos de investigación que se forman en las universidades los que se relacionan, a través de redes, con sus pares nacionales e internacionales, los que crean grandes sinergias que permiten brindar una docencia de calidad, asesorar y dar soluciones creativas y eficientes a la sociedad. En este tema, los elementos más importantes son: la formación de los docentes al más alto nivel internacional (doctores en ciencias, PhD) y su dedicación a tiempo completo a los quehaceres universitarios: investigación, docencia, gestión institucional y relaciones con la sociedad. Estos esfuerzos deben ser reconocidos y estimulados por la colectividad y por el Estado Ecuatoriano. Por esto, es necesario garantizar a la universidad y a la investigación un financiamiento adecuado y oportuno. Como respuesta la universidad debe rendir cuentas a la sociedad por su accionar y la calidad de su gasto. Solamente a través de una robusta investigación planificada basada en nuestras realidades, en nuestras riquezas humanas y naturales, seremos un país menos dependiente, más competitivo y más solidario.
Las universidades, para cumplir con todo estos nuevos retos deben tener una estructura y organización flexible, utilizando las nuevas tecnologías de información y comunicación y, sobre todo, incorporarando como una forma de vida un sistema de aseguramiento de la calidad.
La realidad supera a todas las expectativas, y es necesario actuar rápidamente. Si no procedemos de esta manera, la batalla estará perdida y seremos terreno propicio para que instituciones transnacionales de pésima calidad cubran el mercado ecuatoriano, sin tomar en cuenta que la educación es un bien público y no una mercancía que se somete a las leyes del mercado. |
|
|