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REDEFINIENDO LA EDUCACIÓN
Ing. Eve Cerón
No pretendo evocar en estas líneas los conceptos que explican la misión de un educador, porque me hace falta un largo camino de experiencia por recorrer, pero si deseo compartir parte de esa lección que la Docencia me está dejando, misma que creo puede tornarse en la vivencia de muchos maestros, quienes en su diaria labor buscan que la RESPONSABILIDAD de los estudiantes se convierta en una “ACCIÓN MORAL”.
En algunos centros de educación, todavía se escucha el famoso aforismo de antaño “La letra con sangre entra”, sin embargo nada más alejado de la realidad de los jóvenes, pues ya no surte efecto la imposición en la transferencia del conocimiento, sino más bien la reflexión en la forma que se utilice para compartirlo.
La redefinición de la educación entonces, empieza en el cambio de la estructura mental de las personas, es posible lograr que la educación reflexiva, antes que la impositiva y castigadora logre el compromiso de los estudiantes con su propio bienestar, desarrollo académico, pero sobre todo personal.
Considero importante que la relación aprendizaje – enseñanza debe llevarse como una grata responsabilidad, pero ante todo debe realizarse con amor y pasión, con la fortaleza del alma y la valentía de la razón, siempre reforzando principios y valores trascendentales como la integridad, ética, moral, libertad de pensamiento y solidaridad, los cuales darán paso a la creación de una relación de confianza mutua y crecimiento personal, para hacer del trabajo una diversión motivante, que se desarrolle con calidad y que genere un ambiente propicio para el cumplimiento de metas y objetivos en el aprendizaje colectivo.
No debemos olvidar que también estuvimos del otro lado de las bancas, “sufriendo” por un examen, por un deber y otras actividades propias del quehacer estudiantil. Cabe entonces otro aforismo que sin duda nos sacudirá la memoria “el toro tiene que acordarse que alguna vez fue ternero”.
Motivar a “nuestros” estudiantes para que quieran venir a estudiar y no tengan que venir a hacerlo puede ser la diferencia, entregándoles la responsabilidad de su formación en sus propias manos, hacerles sentir que cuentan con nuestro soporte y guía, siendo facilitadores del aprendizaje, no facilistas, atendiendo sus criterios y opiniones, dándoles el valor que todo individuo tiene, el de ser humano. Con todos su defectos y virtudes, y potenciando el talento, en un ambiente de mutua consideración y respeto, de manera que en el proceso podamos evaluar el grado de conocimiento que van desarrollando por sus propias habilidades, su actitud positiva, pero con el esfuerzo conjunto.
“Tratar a otros como quisiera que me traten”, podría ser el incentivo que simplifique la ardua pero no menos gratificante labor de la educación de hoy. |
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